Premisas

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La diáspora envía mucho más que remesas. Los talentos en el exterior promueven el desarrollo de su país de origen al compartir sus experiencias, sus contactos y su creatividad. Los migrantes altamente calificados son un recurso económico fundamental para la creación de productos, conocimiento, tecnologías, ideas y riqueza.

Es imperativo abandonar el concepto de fuga de cerebros y adoptar un nuevo paradigma, fincado en la circulación del conocimiento. Es responsabilidad de todos combatir viejos prejuicios que persisten en concebir a los emigrados en una pérdida absoluta para los países emisores.

La experiencia de diversos países con emigración significativa sugiere que la repatriación no es una opción viable para muchos de sus talentos. El trabajo con la diáspora es una manera de adaptarse a una realidad ineludible. Aunque no sea de nuestro agrado, lo peor que podemos hacer es pretender ignorar la realidad.

No existe una receta única: cada país debe aprender a identificar sus ventajas comparativas y a encontrar un camino propio para relacionarse con su diáspora. Las buenas prácticas son útiles como instrumento de aprendizaje, siempre y cuando seamos capaces de ubicarlas y entender el contexto histórico particular, de las que son producto.
Los talentos residentes en el exterior están intrínsecamente motivados a ayudar a su país de origen. Es importante ofrecerles el reconocimiento que merecen a sus aportaciones y a sus logros, en parte porque con su trabajo contribuyen al prestigio de su país de nacimiento.

No obstante lo anterior, los incentivos emocionales no son suficientes para desarrollar proyectos de largo plazo con las diásporas del conocimiento. Las redes de talento que no logren ofrecer resultados de mutuo beneficio tanto para los países emisores como para los talentos involucrados, están condenadas a desaparecer o a perderse en la irrelevancia.
Las diásporas del conocimiento son un factor de transformación positiva en sus países de origen. Los migrantes altamente calificados son el aliado natural de quienes, al interior del país, promueven el cambio, la innovación y la apertura hacia el exterior.

El éxito de la red de talentos depende de que en el país emisor, se logre crear una amplia coalición institucional que rompa inercias y le abra espacios a la participación de los migrantes calificados. Es una tarea que rebasa el ámbito de competencia de las agencias encargadas de promover vínculos con la diáspora. Más aún, es un esfuerzo de largo plazo porque requiere la construcción de confianza y credibilidad entre las partes.

El Estado debe acompañar los esfuerzos de organización de los migrantes calificados, ponerlos en contacto entre sí, actuar como facilitador e incluso servir como detonador de proyectos. Sin embargo, es fundamental que cuando el Estado intervenga, lo haga sin pretender controlar un esfuerzo autónomo de organización que debe estar en manos de los propios miembros de la diáspora.

Se debe perseguir un enfoque integral en los esfuerzos de acercamiento a las redes de talento. Se debe estar consciente que la desigualdad de oportunidades en muchos de los países emisores ocasiona que las diferencias de clase, origen étnico y género se reproduzcan en las propias comunidades de expatriados. Por lo mismo, el trabajo con los migrantes altamente calificados se justifica en la medida en que contribuya a combatir las desigualdades en el país de origen.

 
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